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Portada de En el estanque de Ha Jin 216 págs, 14x21 cm
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En el estanque


Ha Jin

ISBN:
9788483102206
EDITORIAL:
AÑO PUBLICACIÓN:
2002
COLECCIÓN:
.
IDIOMA:
Espaol
ENCUADERNACIÓN:
Rstica con solapas
MATERIA:
12.50 €
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Resumen del libro

1 Shao Bin estaba harto de la comunidad en la que llevaba viviendo ms de seis aos, la Colonia de la Posta. Su esposa, Meilan, se quejaba de que los fines de semana tena que recorrer a pie tres kilmetros para lavar la ropa. No saba montar en bicicleta, por lo que Bin la llevaba en el portaequipajes de la suya hasta el arroyo Azul, pero los fines de semana de aquel mes trabajaba en la Fbrica de Fertilizantes Agosto y no poda ayudarla. Ojal, se deca, vivieran en el llamado Parque de los Trabajadores, el recinto de viviendas de la fbrica, que se hallaba a unos pocos centenares de pasos del arroyo. ltimamente, Meilan le rezaba a Buda cada noche, y le rogaba que ayudara a la familia para que encontraran pronto un piso en el parque. ?No te preocupes ?le dijo Bin el mircoles por la tarde?. Esta vez conseguiremos uno. ?Cmo puedes estar tan seguro? ?Nos lo tienen que dar. Soy ms veterano que otros. ?Eso no es ninguna garanta. En efecto, Bin llevaba seis aos trabajando en la fbrica y, de acuerdo con el principio de la necesidad y la antigedad en el puesto, esta vez pareca que los Shao tendran un piso nuevo, pero Meilan no se senta optimista. ?Si yo estuviera en tu lugar ?le dijo?, les dara al secretario Liu y al director Ma dos botellas de Savia de Grano a cada uno. Tengo entendido que mucha gente los ha visitado por la noche. No deberas limitarte a esperar sentado. ?Ni hablar, no voy a gastar un solo fen en ellos. ?Mira que llegas a ser tozudo ?susurr la mujer. Bin era un hombre de baja estatura. Haba sido robusto y gozado de buena salud, pero en los ltimos aos haba perdido tanto peso que la gente le llamaba Saco de huesos a sus espaldas. A pesar de su fsico, tena talento y era arrogante. Lea ms que cualquier otro trabajador de la fbrica, y conoca muchos relatos antiguos e incluso las aventuras de Sherlock Holmes. Adems tena una bonita caligrafa, y por se el motivo algunas trabajadoras comentaban: Si ese hombre tuviese tan buen aspecto como sus preciosos ideogramas? Cinco aos atrs, cuando se comprometi con Meilan, la gente, sorprendida, dijo: Desde luego, una belleza se enamora de un hombre instruido. Aunque Meilan no era hermosa ni Bin un autntico erudito, en comparacin ella le superaba, pues tena varios pretendientes. Desde que contrajeron matrimonio, ocupaban una sola habitacin en una residencia, propiedad de la unidad de trabajo de Meilan, los Almacenes del Pueblo, que estaba en la Va de los Ancestros. Ahora tena un vivaracha chiquitina de dos aos, a la que apenas le bastaba el espacio de la habitacin, un cubo de poco ms de tres metros y medio de lado. Adems, Bin era pintor y calgrafo aficionado, aunque oficialmente ejerca de mecnico ajustador. Como artista, necesitaba espacio, y lo ideal hubiera sido que dispusiera de una habitacin propia, donde pudiera cultivar y practicar su arte, pero eso se haba revelado imposible. Cada noche permaneca levantado hasta altas horas, con el pincel en la mano y la lmpara encendida, perturbando as el sueo de la mujer y la nia. Y, adems, la habitacin estaba siempre saturada de olor a tinta. A menudo, en pleno invierno, Meilan se vea obligada abrir las ventanas, pero Bin no tena otra manera de realizar sus obras caligrfico y pictricas. Cunto anhelaban los Shao una vivienda digna! Bin llevaba varios das tratando de averiguar en vano si su nombre figuraba o no en la lista que estaba en poder del Comit de la Vivienda. La mayora de sus compaeros de trabajo se mostraban cada vez ms reticentes y misteriosos, como si de repente cada uno de ellos hubiera encontrado una mina de oro. Eran mezquinos con respecto a los dems. Ahora me toca a m conseguir un piso, se repiti Bin el jueves por la maana, mientras reparaba un gato hidrulico para el equipo de transporte. La noche anterior, las palabras de Meilan, acerca de que haba trabajadores que sobornaban a los dirigentes, le haban causado cierto temor. Pero Bin se recordaba una y otra vez que no deba desanimarse. Por la tarde, antes de lo que Bin esperaba, fijaron la lista definitiva en el tabln de anuncios que haba en el vestbulo de la fbrica. Bin se acerc a ver, pero no vio su nombre entre los agraciados y, como muchos otros, se enfureci. En todos los talleres se gritos airados, mientras que aquellos a los que les haban asignado una vivienda guardaban silencio. Algunos dijeron que pensaban colocar enseguida carteles con grandes ideogramas que denunciaran la corrupcin de los dirigentes. Unos pocos declararon que iban a demoler los cuatro pisos de mayor tamao construidos para los mandos, que los volaran de noche con paquetes de TNT, pero eso no pasaba de ser una fanfarronada; haban dicho lo mismo en muchas otras ocasiones, y all nunca haba ocurrido nada. En cuanto la sirena anunci el final del turno, Bin abandon la fbrica. Pedale hacia su casa distrado, la cabeza cubierta por una gorra militar torcida, y la camisa blanca desabrochada y con los faldones aleteando ligeramente detrs. No paraba de darle vueltas en la cabeza. Deba darle la mala noticia a Meilan? Iba a llevarse una gran decepcin. Cmo podra consolarla? En cuanto lleg al cruce de vas frreas cerca del extremo norte de la fbrica, vio al secretario del Partido, Liu Shu, que caminaba con las manos enlazadas a la espalda. Bin se le acerc y desmont de la bicicleta. ?Podemos hablar un momento, secretario Liu? ?le pregunt. ?De acuerdo. Liu se detuvo y se enderez un poco, bajo las espesas cejas se le vean los ojos entrecerrados. ?Por qu no me han concedido esta vez la vivienda? ?inquiri Bin. ?No eres el nico. Todava hay ms de cien camaradas haciendo cola. No lo sabas? ?Trabajo en la fbrica desde hace seis aos. Hou Nina slo lleva tres y esta vez le han dado un piso. Por qu? No puedo entenderlo. ?El Comit de la Vivienda ha tomado esa decisin ?replic Liu con brusquedad?. Creen que lo necesita ms que t. En nuestra nueva sociedad, las mujeres y los hombres son iguales. T ya tienes un lugar donde vivir, pero ella se ha quedado todos estos aos en el pueblo, con sus padres, y para casarse necesita su propia vivienda. Ha pospuesto la boda en dos ocasiones?, no puede seguir soltera eternamente. Bin senta deseos de gritar: Puede vivir contigo, no es cierto?. Pero no dijo una sola palabra; se dio la vuelta, mont en su bicicleta de la Defensa Nacional y se alej sin despedirse del secretario. Mientras pedaleaba, maldeca a Liu sin poder evitarlo: T ya tenas un buen piso, hijo de tortuga, y ahora te has quedado con uno mayor. Has abusado de tu poder. Es injusto, injusto!. El rechoncho secretario sacudi la cabeza y exclam a espaldas de Bin: Idiota!. Bin se haba propuesto dar la mala noticia a su esposa despus de comer, pero Meilan, al ver su sombro semblante, not que le ocurra algo y le pregunt varias veces qu era. Al final l se lo dijo, e incluso le mencion que a Hou Nina, la joven contable, le haban concedido un piso nuevo. Al or esto, las lgrimas se deslizaron por las mejillas de Meilan, y maldijo con vehemencia a los mandos, pero tambin culp a Bin de su testarudez. ?Unas botellas de licor no cuestan gran cosa. Cuntas veces te lo he dicho? Pero no me haces caso. ?Anda, come ?le dijo l y, tomando los palillos, se acerc el cuenco de fideos a la boca y empez a sorberlos. Luego, con una cuchara, aadi al caldo hojas de cedro de Singapur picadas. ?No quiero comer, estoy tengo gases. Meilan se dio la vuelta y abri la ventana. En el exterior, la brisa agit las hojas de los lamos temblones y el tamborileo de las gotas de lluvia al caer se uni al croar titubeante de una rana. ?Qu vas a hacer? ?le pregunt ella. ?No lo s. Qu piensas t? ?Nos han maltratado. Deberas denunciar a esos tipos corruptos. Bin no respondi y sigui comiendo. Shanshan, su hijita, revolva su cuenco de natillas con una cuchara de plstico verde, en espera de que su madre le diera de comer. Tena adherido un fideo al babero blanco, cerca del pico rojo de una paloma bordada. Meilan se qued junto a la ventana, y bajo el vestido azul celeste que llevaba se notaba su bien formado busto an palpitante por el enfado. Alz la mano y se puso un mechn de cabello detrs de su pequea oreja; se inclin por encima del alfizar y escupi. De vez en cuando se enjugaba con el pulgar y el ndice las lgrimas que le corran por las mejillas. Despus de cenar, Bin sali del edificio para fumar y refrescarse con un abanico que representaba un paisaje brumoso: un templo, un ro y dos esbeltas embarcaciones, cada una impulsada con una vara por un diminuto pescador con sombrero de paja. A Bin se le mova arriba y abajo la nuez de Adn, mientras que su enjuto rostro pareca tenso. Estaba sumido en sus pensamientos, y entrecerraba los pequeos ojos al fruncir su poblado entrecejo. Sobre su cabeza penda una bombilla de veinticinco vatios encendida, a cuyo alrededor zumbaba una nube de jejenes entremezclados con mosquitos. La atmsfera ola a pescado podrido y maz tierno. En la calle, al otro lado del alto muro, se oan las bocinas de dos camiones como si se pelearan. Meilan se encontraba en el patio, junto al grifo, y estaba tan enfadada que haca mucho ruido al fregar los cuencos y los platos, debido al enfado. No se le ocultaba a Bin que esta vez no haba sabido actuar de forma correcta. Un hombre sensato hara cualquier cosa por prevenir las desgracias, como le dijera Meilan, pero l no haba atendido a razones y las posibilidades negativas se multiplicaron. En comparacin con la fbrica donde trabajaba Bin, los almacenes slo tenan diecisis empleados y no podan construir por su cuenta un edificio de pisos. As pues, la familia dependa de l para conseguir una vivienda digna, pero haba desaprovechado la oportunidad. Quin poda saber cuntos aos pasaran antes de que un nuevo piso estuviera disponible? Slo el cielo saba durante cunto tiempo tendra que vivir su familia en una sola habitacin. El corazn se le sala del pecho, tal era su agitacin, y resolvi hacer algo contra la injusticia. Aun cuando no pudiera corregir la mala accin de los mandos, quera darles una leccin que no olvidaran jams y demostrarles que no estaba dispuesto a soportar dcilmente una ofensa. Pero qu debera hacer? Pas por su mente algo que dijo el pensador materialista Wang Chong, de la dinasta Han, acerca de la utilizacin del pincel de escritura para castigar el mal. No recordaba las palabras exactas, pero el pasaje deba de pertenecer a La esencia del pensamiento chino antiguo, una obra que haba ledo semanas atrs en una edicin de bolsillo. Se levant y entr en la habitacin. El libro estaba en lo alto de una estantera de mimbre, embutido entre un diccionario epigrfico y un lbum de pinturas de flores. Lo sac y encontr el pasaje sin dificultad, pues haba doblado el ngulo inferior de la pgina a modo de seal. Ley las palabras de Wang Chong: Cmo es posible que la escritura consista tan slo en jugar con un pincel y tinta? Debe dejar constancia de los actos de la gente y legar sus nombres a la posteridad. Los virtuosos confan en que sus actos se recuerden y, en consecuencia, se esfuerzan por hacer el bien ms todava; los inicuos temen que sus malas acciones queden registradas y, por lo tanto, se esfuerzan por refrenarse. En una palabra, el pincel del verdadero hombre docto debe estimular el bien y prevenir el mal. Bin, profundamente conmovido, cerr el libro. Razon que la escritura y la pintura pertenecen a la misma familia artstica, pues ambas son obra del pincel. S, luchar contra el mal es la funcin esencial de las bellas artes. Como artista y como hombre docto, debera desenmascarar a esos hombres corruptos, se dijo. Al margen de lo que sean en s, la pintura y la escritura no deben ser bordado y decoracin, sino que han de tener fuerza y alma, un espritu sano y recto. Una obra bien hecha debera ser tan letal como una daga contra los malhechores. En cuanto Meilan y Shanshan se hubieron acostado, Bin empez a raspar una barrita de tinta en su antigua placa para hacer tinta, sta tena forma de cangrejo y estaba tallada en la piedra conocida como estrella de oro. Mova la mano trazando pequeos crculos en el sentido de las agujas del reloj. En pocos minutos la tinta estuvo lista; entonces tom un pincel de pelo de comadreja y se puso a dibujar una caricatura. En una hoja de papel grande, traz un enorme sello oficial puesto del revs. En el voluminoso mango del sello traz una cabeza, con la cara de expresin arrobada y unos pocos pelos en la coronilla. Sobre la plana superficie en lo alto del sello, que tena la forma de un escenario oval, coloc una docena de hombres y mujeres minsculos sentados juntos en dos hileras. Procur que los dos del centro se parecieran al secretario Liu y al director Ma. El secretario, con un mostacho de guas curvadas hacia arriba, estaba sentado con los brazos cruzados sobre el pecho, mientras que la cara alargada de Ma, estirada hacia abajo, pareca tener la boca llena de comida. Detrs de las figuras humanas, Bin dibuj un edificio de seis pisos con amplios balcones y ventanas altas, de las que salan rayos fluorescentes. Terminado el dibujo, Bin moj un pincel ms pequeo en la tinta y escribi el ttulo en lo alto de la hoja, una audaz lnea de ideogramas que decan: Feliz es la familia con poder. Se acost, pero la excitacin de haber creado una obra significativa le mantuvo despierto. Intent contar los latidos de su corazn, que eran ms rpidos que la segundera del reloj colgado de la pared. Notaba la tensin en las sienes y le bulla la cabeza. En el transcurso de dos horas se levant tres veces para orinar en la letrina que haba en el extremo oeste del patio. No pudo conciliar el sueo hasta las dos de la madrugada. A la maana siguiente le ense a su mujer la caricatura. ?Est muy bien ?le dijo ella?. Espero que esto sea como una mina terrestre y los haga saltar por los aires. Bin meti cuidadosamente la hoja en un sobre de papel de Manila en el que escribi la direccin del Diario Lda, un peridico regional que ya le haba publicado tres obras caligrficas. Camino del trabajo, fue a la calle de la Ribera y ech el sobre en el buzn que haba delante de la estafeta de Correos.


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